La necesidad de un cambio de conciencia radical

22 maio
LA NECESIDAD DE UN CAMBIO DE CONCIENCIA RADICAL
A propósito del Encuentro Feminista Autónomo de Porto Alegre, 2012
Por: Ochy Curiel
Sobre el Encuentro Feminista Autónomo Latinoamericano y del Caribe realizado al Porto Alegre a finales abril y principios de mayo de este año no se ha difundido casi nada, solo encontramos algunas que otras fotos en el Facebook y algunos audios y entrevistas realizadas a participantes, divulgadas por la Red Nosotras en el Mundo.
El silencio post-encuentro, paradójicamente, puede que esté significando algo. Decidí escribir estas líneas por dos razones fundamentalmente: primero, como una manera de colocar mi sensación, mi sentir, mi frustración y mi preocupación; y segundo, para contribuir a una reflexión colectiva que nos permita analizar la complejidad de este tiempo y del feminismo autónomo en particular. A pesar de la desgana con que salí del mismo, hago el esfuerzo de escribir porque es necesario seguir construyendo la memoria de nuestro hacer y evitar los silencios que muchas veces se convierten en un mecanismo cómplice del estado de cosas.
Sin duda este es un tiempo convulsionado. Quienes rescatan conocimientos milenarios como los de los pueblos mayas, lo asocian a sus profecías, concretamente a la interpretación del ciclo que se cierra con el Baktun 13 que supondría la finalización de una era que trae cambios materiales y en las conciencias de forma radical. Existen otras lecturas más materialistas que piensan la época desde fenómenos como el cambio climático, el consumo desorbitado, la deshumanización, la pérdida de horizontes claros de muchos de los movimientos sociales, entre otros, y lo atribuyen  a la intensificación del capitalismo global neoliberal.
La referencia al Baktun del ciclo maya la tomo como referencia para analizar el Encuentro Feminista Autónomo realizado en Porto Alegre, porque más allá de que creamos o no en estas profecías, coincide en lo que creo un momento difícil, material, humana y políticamente hablando, por el que atraviesa el feminismo, particularmente el feminismo autónomo. Creo que hoy más que nunca necesitamos un cambio de consciencia radical a partir de entender las condiciones materiales y sociales de nuestras vidas y la vida en común.
En primer lugar me referiré a algunos antecedentes y describiré la dinámica del Encuentro para ubicar a quienes no asistieron al mismo; luego desde allí, situaré mis análisis.
La construcción de la propuesta política.
 
Los dos últimos encuentros autónomos que se han hecho en la región (México, 2009 y Porto Alegre, 2012) han sido organizados, a través del internet, por un Comité Regional compuesto por algunas compañeras que venimos de la autonomía, y con el apoyo de un comité local que, además de contribuir a la definición política, se encarga de organizar cuestiones logísticas en la ciudad donde se lleva a cabo el encuentro. Esta propuesta organizativa, si bien es limitada en tanto la tecnología no permite vernos los rostros y sentir las emociones, ha permitido desnacionalizar los encuentros, deslocalizarnos, una forma otra de construir colectivamente desde los diferentes países donde estamos. El Encuentro de Porto Alegre fue construido también de esta manera.
Entendiendo que la autonomía no es propiedad de un grupo particular, ni que ha tenido un único inicio, que existen multiplicidades de experiencias, tal como lo planteamos las que asistimos al Encuentro Feminista Autónomo en México 2009 (Ver: Declaración Feminista Autónoma. El Desafío de hacer Comunidad en la Casa de las Diferencias), desde hace varios años, algunas de las autónomas que habíamos bebido de la teoría y de la propuesta política de la autonomía de la década de los 90tas, desde mucho antes del Encuentro de México, sentíamos que la propuesta autónoma ya no era suficiente para recoger las prácticas políticas y las nuevas maneras de comprender los contextos en las que muchas estábamos insertas y esta fue la razón para que algunas nos permitiéramos proponer los ejes temáticos para el encuentro de Porto Alegre tal y como fue escrito en la sustentación política de la convocatoria:
Las feministas autónomas que hemos impulsado estos procesos estamos comprometidas con una lectura más compleja de la realidad y articulamos la autonomía a otros paradigmas teórico-políticos que proponen nuevas perspectivas y prácticas que enfrentan los regímenes coloniales y neocoloniales  del género, la raza, la clase, la heterosexualidad; mismos que son los responsables de la pobreza, el feminicidio, el etnocidio y todas las formas de odio y violencia a los géneros, las sexualidades y las formas de vida despreciadas; las políticas represivas y la militarización de la vida en las democracias liberales, el  consumismo, la depredación y la usurpación de los territorios y recursos naturales de los pueblos ancestrales, etc.. Así nos aprestamos a continuar en la construcción de un feminismo autónomo crítico, contrahegemónico, descolonial y propositivo, situado en la región del Abya Yala.
Fue desde esta visión política, que algunas, probablemente de forma ingenua, pensamos que era ya tiempo de dar un salto histórico desde la autonomía y yo particularmente soñé con que el encuentro de Porto Alegre, por el momento en que nos encontrábamos, fuese el escenario para echar a andar de forma más colectiva (porque de hecho muchas ya lo estamos haciendo) una otra corriente o propuesta del feminismo que contuviera la autonomía pero que no se limitara a ella y eso se concretizo en el eje general Hacia la construcción de un feminismo “otro”: autónomo, contrahegemónico, crítico y decolonial, condensado en el slogan “Descolonizando nuestras mentes, cuerpos y acciones”.
Esta propuesta, iniciada por mí y enriquecida por un grupo de feministas autónomas que hemos venido construyendo pensamientos y propuestas políticas desde hace tiempos, fue presentada a la lista virtual de feministas autónomas, medio que surgió para construir el Encuentro Feminista Autónomo del 2009 y que sirvió para construir el de Porto Alegre.
En la lista de autónomas surgieron dos debates en torno a la propuesta: una relacionada con el cuestionamiento sobre quiénes éramos nosotras para habernos otorgado la “autoridad” de hacer la propuesta, una mezcla de falta de reconocimiento y errores políticos que cometemos; la otra, en torno a la metodología del encuentro. Ambos debates lograron ser superados a través de aclaraciones y propuestas. Nadie más, fuera de las que habíamos construido la propuesta inicial, se había pronunciado a favor o en contra de los ejes de preocupación que finalmente recogió el programa final del Encuentro de Porto Alegre, lo cual me generó varias dudas: ¿todas habían leído con detenimiento la propuesta?, ¿todas estábamos conscientes a lo que se le apostaba y coincidíamos en su necesidad? En un primer momento me alegraba de que hubiéramos logrado un “supuesto consenso”, difícil tarea en nuestros procesos políticos. Luego entendí que se trataba de algo más profundo y complejo.
 
El lugar como espacio geopolítico.
Porto Alegre es la capital del estado de Rio Grande Du Sul del Brasil, un gran centro industrial y zona estratégica del Mercosur. Centrados en la cultura gaucha por los procesos de colonización española, más que portuguesa, está muy cerca geográfica y culturalmente de Argentina y de Uruguay. Es una ciudad bastante conservadora, al tiempo que es considerada un ejemplo de presupuesto participativo, que ha mejorado ciertas condiciones materiales de la ciudad, sobre todo en las periferias, desde que el Partido de los Trabajadores (PT) asumió la perfeitura. No obstante, existen muchas desigualdades sociales.
El feminismo allí es bastante institucional, aunque con algunas propuestas de autonomía.
Es en Porto Alegre, que se han realizado varias versiones del Foro Social Mundial, como alternativa al Foro Económico de Davos, cuya organización estuvo ligada al PT.
En Porto Alegre el Encuentro Autónomo se desarrollo en el Usina do Gasómetro, una antigua usina de generación de energía, hoy convertida en centro cultural, ubicada a orillas del río Guaíba. Las compañeras de Porto Alegre habían logrado conseguir otro lugar, el Sindicato de los Bancarios, (a 10 cuadras del Usina), pero al final por ser tan pocas, trabajamos solo en el segundo piso de la Usina.
A pesar de los esfuerzos de las compañeras de Porto Alegre de buscar mejores lugares, nuevamente se nos presenta la dificultad de no contar con  espacios  solo para el encuentro. En este caso, aunque con unas mantas y varios paneles logró separarse el lugar donde trabajábamos del resto de la Usina, todo el tiempo interactuábamos con personas que asistían a visitar el centro cultural.
¿Quiénes éramos?
Cuando éramos más, conté que no pasamos de setenta participantes. La mayoría eran de Brasil, algunas de Argentina, Uruguay, Chile, Colombia, Guatemala, México, del país Vasco y algunas españolas que viven en Latinoamérica.
En cuanto a la composición étnico-racial, la mayoría era blanco-mestiza, más o menos seis mujeres afros, ninguna indígena que yo sepa.
En términos de clase, aunque difícil de definir, creo que éramos la mayoría clase media con algunas compañeras en situación de precariedad.
También hubo algunas mujeres campesinas ligadas al Movimiento sin Tierra (MST), aunque muy pocas, que lamentablemente no se hicieron sentir de forma significativa.
En términos etarios,  aunque había compañeras de muchas edades, la gran mayoría era bastante joven, muchas de ellas pertenecientes a colectivos anarco-feministas,  punks, espacios libertarios y otros espacios feministas autónomos.
La poca participación en el encuentro se debió a mi modo de ver a cuatro aspectos. Primero, el encuentro se comenzó a organizar bastante tarde. A pesar de los llamados constantes por parte de algunas de nosotras para que se comenzara con tiempo, solo cinco meses antes su organización se concretizó.  Esto tuvo implicaciones negativas para que muchas feministas pudieran buscar alternativas de autogestionar su pasaje (como es la política de los encuentros autónomos), incluso para entrar a la dinámica de su organización; segundo, llegar a Porto Alegre para las centroamericanas, incluso para colombianas, ecuatorianas, peruanas, etc., era bastante costoso; tercero, la poca motivación de muchas por los debates interminables en la lista de autónomas en torno a varios puntos: la no definición de la entrada o no de personas trans y de hombres feministas; y cuarto, a los impactos que tuvo el posicionamiento público que unánimemente hizo el comité local de Porto Alegre haciendo uso sin previo aviso de la 3ra boletina del Encuentro y donde exponían de forma separada al resto de la comisión regional, su posición en torno a que estaban de acuerdo con la entrada de personas trans, no así de hombres feministas. Esto provocó un malestar que profundizó los que ya existían y se evidenciaban a través de la lista de autónomas y, por demás, paró la discusión a través de este medio. Todo esto desmotivó finalmente  una participación más amplia.
En búsqueda de metodologías ¿otras?
Una de las propuestas que surgió en el proceso de construir la metodología, fue evitar las plenarias como momentos de “oídos sordos” de los encuentros, en los cuales los debates se hacen interminables y cada cual, como se empeñó Yuderkys Espinosa en señalar, defiende sus ideas como si estuviéramos en trincheras, sobre todo porque muchas tuvimos como antecedente la mala experiencia de las plenarias del VIII Encuentro Lésbico Feminista realizado en Guatemala en el 2010.
Por otro lado, compañeras de la comisión metodológica de México y Guatemala, fueron insistentes en proponer que la metodología contuviera trabajo  con el cuerpo y dinámicas de grupos que permitieran la generación de confianzas y creatividad, etc., de forma de cambiar las estructuras tan cerradas y muchas veces patriarcales de las discusiones.
Convencidas casi todas que había que apostarle a nuevas formas metodológicas, un comité regional propuso entonces una metodología que considerara estos aspectos y el encuentro se estructuró de la siguiente manera:
El primer día comenzamos en la mañana en plenaria con un ejercicio de acercamiento entre nosotras. Primero se presentó un video con imágenes de feministas en varios encuentros autónomos,  luego, ejercicios de percepciones del cuerpo, de sabores, movimientos y colocación de objetos para compartir. Posteriormente entre diferentes voces recogimos historias de la corriente autónoma y de encuentros anteriores, se presentó la idea de que la autonomía es una propuesta política colectiva e individual, pública y cotidiana y se presentaron los ejes y el programa del encuentro. En la tarde se hicieron actividades para sacar el enojo y para construir confianzas entre todas.
Un primer debate que salió de esta plenaria fue sobre quien no quería ser fotografiada, solicitud hecha por la comisión de memoria. Algunas señalaron personalmente que no querían, otras que se definiera por cual medio se iría a difundir las fotografías, otras señalaban que ninguna foto del encuentro saliera públicamente. Frente a esto último algunas otras señalaron que era importante la visibilidad como acto político. Sobre ello nos quedó a algunas la pregunta sobre que nivel de represión podría haber en Porto Alegre que algunas no querían ser fotografiadas, ya que considerando otros contextos, como el colombiano, por ejemplo, un país en guerra, lleno de paramilitares, la visibilidad seguía siendo importante, a pesar del riesgo que supone.
A partir del segundo día se iniciaron las discusiones grupales para trabajar los ejes del encuentro que continuó el tercer día. Tres grupos fueron constituidos libremente para ello. En el grupo que participé logramos trabajar los ejes como fueron propuestos, no me queda claro si en los otros grupos se hizo lo mismo, ya que algunas compañeras que habían estado en los otros grupos comentaron que no fue así. Y como no hubo un espacio de socialización de las reflexiones en torno a ello, pues me queda la duda. En ese sentido no logramos debatir colectivamente en torno a ello.
El último día se realizaron diferentes talleres sobre biodanza, drag queens, capoeira, experiencias de autogestión, entre otros. En este último día, que coincidía con el 1ro de Mayo, Día del trabajo, estaba programada una marcha, sin embargo, esta no se pudo realizar debido a que primero, ya éramos muy pocas, y segundo, a la hora que se suponía salía la marcha, aún continuaban los talleres.
Al final se hizo una sola plenaria, cuyo tema único fue el debate sobre si entraban o no las personas trans y hombres feministas. Dentro de esta plenaria, al final del debate, se hizo la evaluación del encuentro.
Todas las noches había actividades culturales, que en la propuesta metodológica habíamos planteado como espacios ligados al encuentro mismo.
El primer día se hizo lo que se denominó “Cocktail Afro”. Se trataba de la presentación de comidas elaboradas por compañeras afros que no participaban del encuentro y que muchas degustamos. Sobre esto algunas preguntamos a algunas compañeras del comité local de Porto Alegre en qué consistía la actividad y cuál era su sentido y muchas de ellas no sabían de qué se trataba. Nuestras preguntas fueron hechas bajo la sospecha que de nuevo las mujeres racializadas (en este caso afros) aparecían haciendo comidas o actividades culturales para agradar al resto, formas neocoloniales que se repiten en los encuentros feministas, y esta vez pasó en un encuentro autónomo. Esa misma noche hubo la presentación de un grupo de compañeras con música brasileña y presentación de poesías.
El segundo día, había un recital mío de música feminista y lésbico-feminista y también presentación de poesía, pero yo había perdido la voz y solo pude hacer dos canciones. Conté con el acompañamiento de Alexandra Riveros, de Colombia
El tercer día la cita era en una disco de música rock, pop y punk norteamericano. Otra neocolonización del arte, precisamente en Brasil, un país lleno de maravillosas músicas locales. Fuera de algunas compañeras jóvenes punks y anarcas que estaban en el centro de la pista bailando, el resto mirábamos, algunas molestas y otras sorprendidas.
El cuarto día,  nos encontramos en la Casa del Teatro para hacer la clausura, que consistió básicamente en comer algo, mientras había dos chicas cantando muy al margen del grupo del Encuentro. La mayoría queríamos una fiesta y luego de varias horas consultando la posibilidad de lugares, despejar dudas, nos fuimos a una casa ocupa mixta y por fin algunas pudimos bailar y compartir solo por algunas horas, principalmente con músicas latinas, como forma de cerrar el encuentro con alguna pizca de alegría, aunque entrecomillas.
En todo el encuentro, particularmente no sentí nada de emoción, con excepción de los ratos que pasé con las amigas cercanas y amadas, y algunos momentos de debate del grupo en que participé. Tuve una sensación de que me encontraba inerte en un encuentro. Estaba rara, distanciada, y sentía que muchas más estaban así, cosa que confirmé desde las palabras que se expusieron en la evaluación del encuentro. A pesar de la metodología desarrollada para lograr confianzas y acercamientos entre las presentes, esto no lo logramos. Y no se logró porque no se puede crear confianzas con dos o tres actividades construidas para una ocasión, por demás de excepción, como son los encuentros. Todo ello pasa por construir debates colectivos, reflexiones previas, pensar-hacer juntas en un trayecto. Siempre he apostado a los encuentros como momentos importantes de compartir experiencias, emociones, sensaciones con cómplices políticas. Buscando las causas, haciéndome preguntas, fue tal mi sensación que por momentos me quedé muda, no podía siquiera pronunciar palabras. Fue  todo tan extraño  que aún todavía tengo esa sensación.
 
Descolonizando nuestras mentes, cuerpos y acciones.
Este fue el tema general del encuentro. Algunas entendíamos que descolonizar nuestras mentes, cuerpos y acciones suponía situarnos en una América Latina y un Caribe plagado de fenómenos como la violencia estructural y cotidiana, los nuevos racismos, los feminicidios, la expropiación y extracción de los territorios, la militarización, la precarización de la vida, las nuevas políticas neocoloniales y neoliberales. En otras palabras, la expresión de la colonialidad contemporánea. Algunas pensamos que el Encuentro de Porto Alegre posibilitaría un análisis profundo de todo esto, y desde allí ubicar la autonomía, nuestras prácticas políticas, las alianzas necesarias con otros movimientos y sujetxs sociales afectadxs por estos fenómenos y que también desde propuestas autónomas y autogestionarias han estado construyendo otras maneras de vivir en lo social. Pensábamos que esto daría la posibilidad de definir un nuevo marco de interpretación de la realidad desde nuestras experiencias y de actuación autónoma para poder irnos con algunas ideas de estrategias generales, que obviamente se concretizarían en los lugares donde nos encontrábamos.
Lo anterior, suponía de nuevo pensar y (re) pensar el sujeto del feminismo desde categorías como el sexo/género, la “raza”, la etnia, las sexualidades, edades, etc… que aunque ya en la región se había avanzado en considerarlas, dada la multiplicidad de experiencias, se habían vuelto categorías vacías de informes de ONGs y de artículos académicos, pero que para algunas de nosotras eran centrales en la propuesta de descolonización que nos proponíamos.
Todo lo anterior era a lo que algunas nos referíamos cuando decíamos cuál era el proyecto político o proyectos políticos que debía contener la autonomía frente a estos contextos. Pero quienes llamábamos la atención sobre ello, se nos acusaba de teóricas, de querer implantar lógicas partidarias e incluso de violentas. Lo que sentí prevaleció en el encuentro fue básicamente, con algunas excepciones, una perspectiva bastante individualista, que veía la necesidad de la autonomía del cuerpo y de la sexualidad desde la satisfacción personal, que cuestionaba el sujeto del feminismo fundamentalmente en torno a la propuesta de desestructurar las lógicas binarias del sexo/género, pero que eso no lo atravesaba con la clase, con la raza, con la etnia, con los contextos.
¿Hasta donde esta propuesta descoloniza nuestra práctica política colectiva autónoma? Digo que desde ahí es imposible hacerlo.
Y esto lo conecto con lo que también pasó en el VIII Encuentro Lésbico-feminista de Guatemala en el cual nos encontrábamos muchas autónomas. En este encuentro se propuso abordar un análisis del régimen heterosexual y como esto se conectaba con el racismo, la pobreza, el militarismo, la violencia no solo hacia las lesbianas sino hacia otros sujetxs sociales  y hacer un análisis más global y estructural. No fue posible. Nos desgastamos con el debate sobre la entrada o no de personas trans, lo cual creí importante debatir, reflexionar en torno a estos nuevxs sujetxs del feminismo, pero sin descuidar todo lo otro que era la prioridad del encuentro.
Estas experiencias de estos dos encuentros, nos muestran de alguna manera cómo está la política feminista autónoma supuestamente contrahegemónica y crítica; evidencia lo lejos que estamos de un proyecto político descolonizador y atento al sufrimiento de los grupos más vulnerados de las mujeres y pueblos del continente; evidencia una vuelta a un feminismo con rasgos diferencialistas, combinado con postfeminismo que solo cuestiona las estructuras del sistema sexo/género y que aunque retoma cuestiones importantes como “lo personal es político”, “el affidamiento”, la construcción de confianzas entre nosotras, deconstruir lo binario, se vuelve sin contenido porque no pasa por una compresión de las realidades donde estamos actuando y viviendo, que son racializadas, (hetero) sexualizadas, chupadas por las multinacionales, metidas de cabeza en el consumismo, en el individualismo y en la apatía de construir y fortalecer movimientos sociales más críticos y con propuestas transformadoras.
La entrada de las personas trans y hombres feministas. La idea de separatismo y el sujeto del feminismo.
Era lógico que el debate sobre las personas trans fuera parte del Encuentro. Está atravesando buena parte del feminismo. En la lista de autónomas ya se había avanzado en ese sentido y en los grupos de discusión también, y antes de ir al encuentro era ya consenso que participaran en los encuentros autónomos. El argumento más sostenido para esta decisión fue que estxs nuevxs sujetos del feminismo cuestionan y desestabilizan el sistema binario de sexo/género. A partir de ahora, si es que hay otros encuentros autónomos, entrarán personas trans que así lo decidan.
En torno a los hombres, la propuesta de que entraran a los encuentros no pasó. Los argumentos fundamentales fueron que aún eran importantes los encuentros separados de ellos, porque estos aun portaban el privilegio y el poder, y con base a los contextos la experiencia de muchas era que no conocían hombres feministas. Es decir, se le apuntaba al separatismo.
Particularmente mis posiciones sobre estos dos puntos han sido revisadas, en conversación y diálogo con Yuderkys Espinosa, y creo hoy que los encuentros autónomos deben estar abiertos a aquellos sujetxs que se sientan convocadxs por la autonomía feminista en tanto son espacios que deben contener todas las posiciones políticas. No obstante, creo también en el separatismo como posibilidad política en la práctica cotidiana desde las colectivas que construimos. Aunque parecería contradictorio, me parece necesario optar con cuáles sujetxs me siento más cómoda para construir ciertas colectividades y eso implicará posiblemente que en algunos prefiera estar con lesbianas feministas, con afrodescendientes o con mujeres feministas socialmente construidas que lo que nos una sean proyectos políticos, más que identidades, aunque estas formen parte de los posicionamientos. En otros espacios, feministas o no, habrá otrx muchxs tipos de sujetxs con quien es necesario construir. Una cosa no exime a la otra, todo depende de los contextos y los proyectos que se quieren impulsar.
Estas eran cuestiones importantes que se discutieron en el encuentro en torno al sujeto del feminismo, y que me pareció acertada la manera en cómo se hizo. No obstante, creo que se sigue planteando de forma dicotómica: entran o no entran. Particularmente en el grupo que participé avanzamos en preguntas como ¿quiénes son lxs sujetxs que pueden asumir las propuestas feministas?,  ¿ Quiénes se sienten convocadxs?, ¿en cuáles contextos?, etc.
Lo que me parece preocupante es que, aunque en muchos textos hemos leído sobre los debates acalorados que propusieron las mujeres populares, las negras, las lesbianas y luego las indígenas hace ya tiempos, que fueron las primeras que cuestionaron el sujeto del feminismo homogéneo que se cristalizaba en “la mujer” de clase media, heterosexual, con privilegios de “raza” y clase, parecería que este debate ha sido superado. Sin embargo, el encuentro autónomo mostró que no lo está, y tampoco la acción feminista autónoma de forma general. Solo algunas experiencias, muy pocas, se construyen desde mujeres racializadas y etnizadas. Pero más allá que sean afros o indígenas, no existen las miradas y las perspectivas que contengan la raza y la clase como claves para situarnos en esta región y definir desde allí la propuesta autónoma.
Creo que el encuentro fue bastante blanqueado y diría yo clasista. Aunque habíamos algunas afros presentes y algunas precarias también, la perspectiva política e ideológica era básicamente blanca y blanco-mestiza en tanto no se tocó a nivel general como la experiencia autónoma contiene principalmente los privilegios de unas cuantas y como ello marca también las maneras en que nos pensamos y actuamos la política.  Aunque en ocasiones se hacía referencia al racismo, a la pobreza, etc., era básicamente enunciativo, eran palabras que parecería nos hacen sentir “políticamente correctas”, pero que a la hora de concretizarlo en la política autónoma, de pensar como esto atraviesa nuestros cuerpos, mentes y acciones, quedaban fuera. Era una especie de separación de cuerpo-mente, cuerpos-acciones, cuerpos sin teoría crítica, en otras palabras, euronorcentrismo en el siglo XXI.
¿Por qué la autonomía feminista ha contenido mayoritariamente feministas blanco-mestizas?, ¿por qué cuesta tanto abordar otras opresiones, además de las derivadas del sexo/género? Creo que aún el sujeto del feminismo sigue pensándose desde un sujeto “mujeres” homogéneo que no considera la raza y la clase. Y eso es fundamental para un proceso de descolonización del saber, del poder, del ser, de nuestras prácticas y de nuestros privilegios.
¿Qué sigue?
 
En Porto Alegre no se definió el próximo encuentro autónomo. Creo que salimos casi todas tan descolocadas, tan decepcionadas, tan extrañadas, que sentí que no había motivación para ello.
La autonomía obviamente no se acaba, sigue siendo un principio ético de muchas de nosotras y una práctica política donde descansa buena parte de nuestro accionar. Lo que habría que concretar es un cambio de conciencia radical, como bien anuncian las profecías mayas, que nos permita descolonizar nuestras mentes, cuerpos y acciones, y eso solo se logra leyendo, interpretando, analizando y actuando de forma contextualizada en esta región del Abya Yala, entendiendo la complejidad de este tiempo, donde lo colectivo sigue siendo una necesidad vital y política, construido de formaotra, de lo contrario seguiremos reproduciendo lógicas hegemónicas, igual que el feminismo institucional que hemos criticado tanto.
Anúncios

2 Respostas to “La necesidad de un cambio de conciencia radical”

  1. EFAlac 2012 maio 22, 2012 às 12:47 #

    1ª respuesta de Francesca Gargallo a Ochy Curiel:
    Mi querida Ochy,
    muchas gracias por tu escrito, largo, detallado, de un encuentro al que no pude asistir porque desde julio del año pasado no cuento con un salario y estoy remodelando una casa: no podía permitirme el boleto.
    Me hubiera gustado estar en Porto Alegre, realmente, del feminismo la autonomía es mi forma.Y creo que entre forma y contenido hay una relación. Sigo lo que escribes y me parece importante. Como tú creo que hay realidades que gracias a nuestra autonomía de pensamiento y de acción ante las instituciones, hemos sabido identificar.No sólo la institucionalidad que nos atrapa en medidas de cuotas ypolíticas de género, sino que oculta la realidad como tal: la realidad del racismo, que está acompañada de despojamiento de tierras, pauperización de las personas no blancas, en particular las mujeres,desastre ecológico, imposicióndel sujeto individual porencima del sujeto colectivo, que es parte propia de la identidad de muchas mujeres indígenas de Abya Yala. No obstante, dirigir un encuentro al análisis de la realidad -aunque sea para cambiarla, evidenciándola- me parece una rendencia autoritaria que quienes hemos pasado por universidades, trabajando o no en ellas. ¿Quién dice que la reflexión intelectual viene antes que la necesidad autónoma de encuentro de mujeres jóvenes? Tú y yo nos la “rifamos” en la presentación de un libro, ellas, como muchas veces me lo han enseñado compañeras de los pueblos originarios, se la juegan en la vida: necesitan colectivo para vivir, no para una reflexión que redunde en una idea bien expuesta. Las más jóvenes, blancas o no, tienen un mundo cerrado que se abren al encontrarse en los espacios que encuentran y nos enseñan a reencontrarnos. Me parece un poco prepotente considerar que al haberse encontrado con ellas en un lugar donde su presencia era predominante se desechó algo más importante que hacer. Es como considerar que por haber estado en reuniones de mujeres indígenas donde no entendía ni una sola palabra de las que intercambiaban, porque no conozco sus lenguas, perdí mi valioso tiempo de intelectual académica blanca y urbana. Aprendí mucho de estar en silencio, lavar platos, ir por el maíz, ver la preparación de la comida, mirar cómo encontrarse y finalmente recibir una cobija cuando bajaba la noche y el frío arreciaba. Aprendí que muchas veces no quisieron hablar castellano porque todavía no me conocían y me felicité por haberme quedado.
    En fin, no fui, no puedo decir nada. También me sorprendió el silencio “post-encuentro”. Sé que el silencio entre feministas siempre evidencia un malestar (somos, por lo menos yo soy, parlanchina cuando me entusiasmo). Qué bueno que hayas escrito Ochy, ojalá las demás también sobre lleven su malestar y expresen sus sentires. La memoria se hace también reconstruyéndola entre todas.
    Francesca

    respuesta de Ochy:
    Querida Franchesca.
    ¿No sé de cuáles palabras de las que escribí infieres que lo que he reflexionado en torno al Encuentro de Porto Alegre se debió porque era un encuentro predominantemente de jóvenes? Me gustaría que me lo explicaras. Así como no creo que hay homogeneidad entre negras, indígenas, autónomas, etc., tampoco creo que hay homogeneidad en las jóvenes. De hecho en mis últimos años he venido construyendo con muchas feministas jóvenes bastante críticas y autónomas, y en el encuentro de Porto Alegre hubo jóvenes con distintas posturas. Como bien lo expuse en mi largo artículo es un asunto mucho más complejo y ahí están los diversos elementos que creo importante reflexionar. Otras tal vez pensarán que son otros. Estos elementos no tienen que ver con generación, sino con una revisión de posturas políticas que nos atañe a todas.

    Por otro lado, desde que muchas feministas subalternas comenzaron a proponer análisis, teorías desde sus experiencias situadas que no solo se dan en el ámbito académico, el concepto de “intelectual” de deslocalizó. Muchas son/somos intelectuales en tanto producimos conocimientos desde distintos lugares. Muchas mujeres, feministas, indígenas, negras, proletarias etc.. lo hacen a diario, porque viven la vida y la analizan y a partir de allí actúan. Para interpretar la realidad no se necesita tener títulos universitarios, libros leídos, basta con vivirla, sentirla, percibirla y accionar. Si nosotras no somos capaces de ver lo que pasa en nuestras narices, saber por qué se instalan las multinacionales en nuestros países, por qué cada día se extraen recursos de “ciertos” territorios, por que una mujer cada minuto en violada, por qué cada día la vida está más militarizada, y que tiene que ver con el capitalismo global y con la propuesta autónoma, entonces ¿qué tipo de política estamos haciendo? ¿O es que el conocimiento, de donde venga, es solo para unas pocas?

    Te recuerdo que mi política feminista, viene desde hace tiempos y no se hecho en la academia, sino en el movimiento. La Universidad es un el espacio donde trabajo hace poco, que tiene cosas buenas, pero sabemos sus límites. Y sé muy bien que se hace en un espacio y otro.

    Abrazos,
    Ochy

    Reacción de marian pessah al texto de Ochy:

    Ochy, cuándo escribiste este texto? el 20 de abril?
    se nota que no has “tocado” el encuentro. Qué pena.

    Te responderé pocas cosas, etsoy treminando de escribir sobre el EFAlac y ahi quedará mi versión, absolutamente diferente a la tuya que con tanta mala leche has escrito.

    Lo único que sí responderé, porque me DUELE tu victimización, es que como bien dices, – si es q fue así – el encuentro fue construido por esta loista de la sautónomas (?) por aqui se dijo que cuando contratáramos servicios serían a mujeres;. Desde la comisión local, quisimos hacer/recibirlas con un coquetail y le pedimos a No Homero – a quien conoces muy bien – del grupo Maria MUlher, quien trabaja con mujeres negras y muchas de ellas se ganan la vida haciendo comidas, q nos diera el contacto. Si ellas mismas nombran su coquelel como AFRO, pue sno seré yo, ni ninguna de nosotras, q les cambiaremso el nombre a su trabajo.
    Por favor Ochy Curiel, ahora va a parecer q la racialización la inventamos en Porto Alegre! Q pena me das.
    Y si ellas no participaron del encuentro, pero fueron invitadas, q haremos? obligarlas a ir? lo mismo q a vos y tu grupo q nunca llegaron antes del medio día?

    respuesta de Ochy:

    Marian, que te pasa?-
    Asi viví el encuentro y no solo yo.. Y sabes muy bien, porque me conoces, que la victimización no es mi apuesta ni personal ni política. Y si mi escrito te parece una victimización es tal vez porque no quieres ver muchas cosas. Por supuesto que conozco a NO Homero,y más allá de que fuera Maria Mulher.. como feministas autónomas sabemos que cómo se hacen las cosas, es importante para la política. Y creo que aquí victimizas a las mujeres que cocinaron para nosotras. Si eso se hubiera considerado como parte de la apuesta política del Encuentro hubiese sido otra cosa, aunque las mujeres hubiesen ganado dinero esa anoche.Y precisamente proque nos proponiamos DESCOLONIZAR NUESTROS CUERPOS, MENTES Y ACCIONES. Ni la comisión regional ni la metodológica sabia de que se trataba porque yo misma te pregunte a ti y no me supiste responder. ¿quien victimiza a las negras?…….
    Y no me pases cuenta de si llegue tarde o no. Ese es mi problema….. Casi todos los días llegaba a la hora y el encuentro no comenzaba hasta las 12 pm…..
    Si me escrito te parece que fue hecho con mala leche, lo siento mucho, esa no ha sido mi intensión. ,¿a quien crees que va dirigido?, ¿a ti? No Marian…ese escrito es para todas porque te recuerdo que ese Encuentro fue hecho por todas nosotras .
    Como están escribiendo para otras redes electrónicas a las cuales no pertenezco, espero que tanto la respuesta a Franchesca como esta que envío también se reenvien a estos medios, por favor.
    Ochy

    ntervención de Francesca:
    Por lo que puedo leer, hubo un conflicto -si no es que varios- no resuelto durante el Encuentro. Como le escribí a Ochy, y por años lo he sostenido, la forma, los modos, el cómo se dan las cosas es fondo, es contenido de las mismas. Así que me parece que proponer que todo un encuentro asuma una forma de debate político desde la autonomía del sujeto mujer puede ser muy reductiva del deseo de encontrarse y de los temas y acciones a desarrollar -y por ende rechazada a través de diversas actitudes. No obstante, marian, me parece bastante agresivo decir que hay “mala leche” en un escrito de una compañera que está haciendo un recuento de lo vivido desde su propia experiencia.
    Seguramente no llegar o no participar en todos los debates puede convertir un encuentro en un congreso, pero también puede ser la manifestación de un malestar.
    ¿Qué nos pasa? La autonomía implica auto-consciencia, pero estar auto-conscientes, conscientes desde sí y sobre sí, todo el tiempo es sumamente desgastante porque implica estar presentes en el presente. Creo que todavía sufrimos de un deseo de que nuestro punto de vista o la importancia que le damos a una forma de encontrarnos prime sobre las formas que no podemos controlar.
    Yo creo que debemos trabajar desde la auto-consciencia el permiso de dejar fluir las intenciones, las afectividades que se juegan en esa organización medio tribal, no dirigida pero aglutinante, que nace del deseo de reconocerse en las que como una (o como el propio colectivo, pensando en otro sujeto que no sea el individual) son inconformes a las formas tradicionales de encuentro mediado por partidos, ONGs, ideas hegemónicas, pautas éticas que nos lleven a lo políticamente correcto.
    No puede ser que cada vez que nos encontremos entre “autónomas” el grupo anterior de autónomas se escinda.
    Explíquenme, cuéntennos más de lo que sucedió y cómo lo vivieron. Los conflictos hacen parte de la vida, son el nudo de la vida intelectual Ochy y se resuelven en el diálogo
    Francesca

  2. EFAlac 2012 maio 22, 2012 às 12:48 #

    Texto de Clarisse Castilhos en respuesta a Ochy

    Alguns pontos sobre o EFAlac- (Pretendo, assim como compas daqui, e tenho certeza, de outros países e de outras regiões do Brasil, dar outra versão mais detalhada da minha visão do EFAlac. Nesse momento estou apenas dando uma resposta pontual a alguns dos temas citados pela Ochy.)
    Francesca, evidentemente que os conflitos são bem vindos e seu debate pode nos levar, dialeticamente, a uma melhor compreensão da realidade. Desde que se debatam em cima de elementos concretos e de ideias em conflito. Porém, existem argumentações da análise da Ochy que me pareceram forçadas e dirigidas sobretudo à ekipa de Porto Alegre, o que me faz compreender a reação da marian em 100%. Eu também me senti muito agredida quando li. E não fui a única, isso eu garanto. Quem me conhece um pouco sabe que sou a pessoa mais contemporizadora do mundo. Mas vamos lá.

    Uma das afirmações que mais me chocou se refere à pretensa continuidade da colonização de mulheres negras, feita por nós, ao chamado coquetel afro. Em suas palavras: “nuestras preguntas (sobre el coquetel afro) fueron hechas bajo la sospecha que de nuevo las mujeres racializadas (en este caso afros) aparecían haciendo comidas o actividades culturales para agradar al resto, formas neocoloniales que se repiten en los encuentros feministas, y esta vez pasó en un encuentro autónomo.” Assumo que a idéia foi minha porque me gostam os quitutes afrobrasileiros, ou seja, comidas que foram introduzidas na culinária brasileira pelas pessoas negras escravizadas durante o império português e transformadas por outras culturas que aqui chegaram, e pelas que aqui habitavam originalmente. São comidas que se fazem sobretudo na Bahia. Nunca imaginei que nomear essas comidas e contratar companheiras especializadas nessa cozinha fosse “racialização”. Esse tipo de comida faz parte da realidade brasileira assim como o candomblé, a capoeira, o samba, entre outras. As mulheres que o elaboraram são companheiras da Vila Cruzeiro, uma vila muito pobre de Porto Alegre, onde predominam as pessoas negras. Como acontece em todos os lugares pobres do Brasil. Essas mulheres estão organizadas e tem nesses produtos uma fonte de renda muito importante. Não vi no momento nenhuma subjugação de nossa parte nisso. Se assim fosse, cada vez que uma de nós está comprando artesanatos feitos por grupos originários estaríamos contribuindo para a reprodução da colonização. Aliás pela descrição feita, parece que elas estavam lá, vestidas de baianas, e humildemente servindo a todas nós. Não foi o que aconteceu.

    Por que também não foi questionado o almoço que elaborado por companheiras precárias de outro movimento social (movimento nacional de luta pela moradia)? Ambos os grupos foram convidados a participar e até participaram de uma reunião de organização. Porém, elas, mais do que muitas de nós, sobrevivem dessas ações. Por isso, preferimos comprar de cooperativas e de serviços de movimentos sociais do que ir ao supermercado, etc., etc. Então nesse sentido penso que houve má vontade da Ochy. Como isso ocorreu em outros encontros? As participantes passaram toda a manhã cozinhando para 150 pessoas?

    O que lamento muito e fico pensando é que já havia um preconceito de partida em sua análise. Que a chegada de muitas já estava coberta de preconceitos ante nossa organização desde Porto Alegre. Eu me sinto muito mal quando nos acusam de que a racialização, a colonização, foram tratadas apenas com discurso. Eu também, como Francesca, já convivi em muuuitas situações, desde o início de meu ativismo, aos 18 anos, com mulheres de classes sociais diferentes da minha, com companheiras camponesas, negras, pobres, sem me impor e cometendo erros políticos que elas souberam sem nenhum limite me mostrar. E também aprendendo outras coisas comigo. Honestamente aprendi mais com elas do que em muitos debates aprofundados.

    Quanto ao número de participantes, sim foi menor do que queríamos, mas passou de 100 mulheres e os 4 motivos explicativos apontados pela Ochy me pareceram equivocados. Cito apenas dois: 1. a distância de porto alegre? em relação a onde? Porto Alegre- Bogotá é a mesma distância de ida e volta, não? Não quero ironizar, mas não considero esse argumento sério. Ter feito o encontro aqui permitiu o acesso a companheiras que não teriam participado em outros lugaress. O último encontro autônomo quantas brasileiras tinha? (aliás, no encontro de Porto Alegre a língua falada não era o brasileiro, pois predominavam mulheres de outros países. Muitas brasileiras pouco falaram pois tinham dificuldade de se comunicar). Outro fato apontado: termos, algumas de nós (não a ekipa) escrito nosso posicionamento na boletina, sobre a participação de trans e de homens… Admitimos a falha do espaço onde foi colocado e nos desculpamos por isso diante de todas. Não acredito que tenha influenciado a desistência de tantas mulheres assim. Se o fato de usarmos a boletina para colocar nosso pensamento foi assim tão chocante para algumas, por que não vieram aqui debater esse fato, assim como o fizeram corretamente outras companheiras, entre elas Ochy e Yuderkis?

    Terceiro ponto. Na avaliação da Ochy houve uma evidente invisibilização do papel de alguns grupos presentes, o que nos passa a impressão de que não houve uma mínima integração da Ochy ao encontro. Ao conjunto do encontro, o que se esperaria de alguém que fazia parte da organização regional. As mulheres ditas como do MST (e do MTD), que estavam em número de 10, são aquelas que saíram do movimento por discordarem justamente da perda crescente de autonomia do movimento. Sabiam que elas não são mais desses movimentos? Que estão vivendo sob condições muito precárias? Essas mulheres estavam em busca de ferramentas para apoiarem sua própria autonomia e saíram daqui muito gratificadas. Elas se manifestaram sim, em grupos pequenos, porque tiveram dificuldade com a língua, porque foi o primeiro encontro feminista que participavam. Isto não deve ser valorizado? Ou é apenas uma visão branqueada, classe média, burguesa? As companheiras do grupo de capoeira de mulheres sequer foram mencionadas. Essas mulheres pertencem a vários grupos mistos e se reúnem regularmente, só entre mulheres, para se autonomizar dos homens capoeiristas, de diversas maneiras. Essa atividade ocorreu na última manhã, quando conseguimos entre todas inverter as propostas iniciais de metodologia e fazer um dia muito mais interessante e criativo. (Aliás, não é questão de cobrar horário, mas de imaginar que quem faz um relato crítico tenta se informar melhor do que ocorreu quando lá não estava.)

    Houveram sim muitas falhas na organização. Mas isso não ocorreu em outros encontros?
    Uma das falhas que assumo, de minha parte como organização de Porto Alegre, é que o espaço, por ser excessivamente grande, dava a impressão de sermos poucas. Era um espaço público que, embora belo, havia momentos de muito ruídos externos, e a tentativa de entrada no espaço de alguns homens de fora, que foram inibidos pela nossa segurança. Além disso, contávamos com o sindicato dos bancários, onde ocorreriam as oficinas (talleres) que no momento do início dessas atividades voltou atrás e precisamos correr por espaços capazes de abrigar atividades mais fechadas. Mas, com a participação de todas compas presentes, que assumiram mais o encontro do que as próprias organizadoras, conseguimos.
    Outra falha, para mim gravíssima, foi a de relegar as oficinas para o último dia, sendo que nas oficinas poderíamos melhor conversar sobre a proposta central. Muitas compas saíram frustradas por não poderem cumprir seus objetivos e outras por não terem condição de escolher, ou de fazer várias.

    Outra falha da organização regional da metodologia foi a insistência em não haver reuniões ao final de cada dia o que permitiria a correção ao longo do encontro. Havia uma aversão absoluta a plenárias, mas poderíamos ter tido reuniões gerais sem caráter decisório, apenas para trocar as impressões do dia, fazer um resumo dos debates de grupos. Por isso tudo ficou muito solto.

    Finalmente, mas há muito mais coisas a serem ditas, considero que o eixo do encontro que foi excelente. Foi, para mim, a melhor contribuição da Ochy Curiel, que redigiu a primeira proposta. Infelizmente não foi cumprido. Isso tudo pelas razões já ditas. Além disso porque houve pouca ou nenhuma disciplina das participantes quantos aos horários e acordos prévios e principalmente porque muitas se negaram a aprofundar o debate proposto por terem partido de pressupostos de que o encontro era, segundo as palavras da Ochy ” blanqueado y clasista. Aunque habíamos algunas afros presentes y algunas precarias también, la perspectiva política e ideológica era básicamente blanca y blanco-mestiza en tanto no se tocó a nivel general como la experiencia autónoma contiene principalmente los privilegios de unas cuantas y como ello marca también las maneras en que nos pensamos y actuamos la política. Aunque en ocasiones se hacía referencia al racismo, a la pobreza, etc., era básicamente enunciativo, eran palabras que parecería nos hacen sentir “políticamente correctas”, pero que a la hora de concretizarlo en la política autónoma, de pensar como esto atraviesa nuestros cuerpos, mentes y acciones, quedaban fuera. Era una especie de separación de cuerpo-mente, cuerpos-acciones, cuerpos sin teoría crítica, en otras palabras, euronorcentrismo en el siglo XXI.”.

    Como já relatei, haviam muitas mulheres em situação de precariedade, mas aqui em Porto Alegre, essas mulheres são brancas -mestiças porque temos uma forte origem européia o que não nos impede de sermos pobres, latinoamericanas e de estar na luta para a autonomia.
    Também acho que não se aprofundou o tema da descolonização mas, em minha opinião, porque houve muita prepotência no debate que impediu muitas de se expressarem.

    Vamos fazer uma autocrítica geral ou apenas culpar porto alegre porque é uma cidade conservadora? Não parece um argumento meio pobre para alguém como a Ochy que tem um pensamento muito mais complexo do que isso? Concordo que o feminismo autônomo tem que criar seus próprios parâmetros diferenciados de mulheres colonizadas/racializadas/precárias. Mas isso exclui as brancas classe média do debate? Isso não é negar o processo de criação de consciência?

    A discussão verdadeira/necessária não se deu, principalmente, porque muitas já chegaram aqui certas de que não ocorreria e se fecharam às contribuições das demais.

Deixe um comentário

Preencha os seus dados abaixo ou clique em um ícone para log in:

Logotipo do WordPress.com

Você está comentando utilizando sua conta WordPress.com. Sair / Alterar )

Imagem do Twitter

Você está comentando utilizando sua conta Twitter. Sair / Alterar )

Foto do Facebook

Você está comentando utilizando sua conta Facebook. Sair / Alterar )

Foto do Google+

Você está comentando utilizando sua conta Google+. Sair / Alterar )

Conectando a %s

%d blogueiros gostam disto: